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La presión por la boda perfecta: una reflexión necesaria

Hay un momento en el que muchas novias piensan: “¿Y si no sale como debería?” . No suele decirse en voz alta. Aparece mientras haces scroll en Instagram, cuando ves bodas impecables, mesas infinitas perfectamente decoradas, vestidos que parecen hechos para editoriales ... Y entonces llega la presión de la boda perfecta. Pero, ¿perfecta según quién?


Durante años se nos ha vendido una idea muy concreta de lo que debería ser una boda:

emocionante, elegante, original, divertida, impecable, diferente… todo a la vez. Y, por

supuesto, digna de ser compartida.


El problema no es inspirarse. El problema es cuando esa inspiración se convierte en una lista de exigencias que no te deja respirar.


Pero, ¿qué tal si dejamos de entender las bodas como un escaparate y volvemos a poner el foco en lo realmente importante? Una boda es una celebración de unión, y sobre todo, es vuestra.


Organizar una boda debería ser un proceso bonito y personal.


Pero muchas veces vemos cómo la ilusión se mezcla con ansiedad, comparación constante y una sensación de “no llego”


  • No llego a todo

  • No llego a ese nivel

  • No llego a lo que parece que esperan de mí


Y aquí va una verdad que decimos mucho en voz baja, pero que merece decirse alto: no todas las bodas tienen que ser extraordinarias para ser inolvidables. A veces (casi siempre) lo más extraordinario es que se sientan auténticas.


Una boda tiene logística, tiempos, proveedores y planificación, sí. Pero no deja de ser un día profundamente humano. Habrá nervios. Habrá momentos imperfectos. Puede que algo no salga exactamente como estaba en tu cabeza. Y no pasa nada.


De hecho, muchas de las bodas más bonitas que he vivido no fueron las más “perfectas”, sino las más relajadas.


Expectativas realistas: el gran alivio


Uno de los mejores regalos que puedes hacerte es bajar un poco el listón de la perfección (no el de la ilusión, ojo).


Algunas ideas prácticas que ayudan mucho:


  • No todo tiene que ser importante. Elige 3–4 cosas que lo sean para ti y deja que el resto fluya.

  • Si algo solo te preocupa porque “queda feo no hacerlo”, probablemente no sea tan necesario.

  • Pregúntate más veces: ¿esto nos representa? y menos ¿esto se lleva?


La boda perfecta es la que se disfruta. Hazla tuya (aunque no encaje en ningún tablero de Pinterest). Puede que no quieras una boda enorme. O que no te apetezca seguir tradiciones que no sientes. O que prefieras una celebración sencilla, sin demasiados protocolos. Y está bien. No hay una forma correcta de casarse y cuando una boda se organiza desde el “qué dirán”, se nota. Cuando se organiza desde el “qué queremos”, también.


Dentro de unos años, probablemente no recuerdes si las flores eran exactamente del tono que habías elegido. Pero sí recordarás cómo te sentiste. Si estuviste tranquila. Si te reíste. Si pudiste abrazar sin mirar el reloj. Si sentiste que ese día hablaba de vosotros.


Así que, si ahora mismo sientes presión, respira, y recuerda: La boda perfecta es aquella que se vive y se disfruta de una manera real.



 
 
 

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